Escisión: La Cúpula del Pensamiento
La mayoría de los seres humanos enfrentan un obstáculo fundamental: una mente cerrada. Evitan salirse de los parámetros establecidos y las normas sociales; son inflexibles en sus ideas, carecen de interés por experimentar lo nuevo y temen al cambio. Es como si vivieran bajo una “cúpula de pensamiento único”.
Al final, el ser humano es el resultado de su educación, especialmente la recibida en la niñez; casi como un animal que se adiestra. Las personas de mente abierta, en cambio, son aquellas capaces de razonar múltiples opciones sobre lo correcto, aceptando distintas realidades y ejerciendo una empatía absoluta, con principios forjados al comprender profundamente cada situación.
La Educación como Eje Vertical
El gobierno debería proporcionar una educación orientada al raciocinio, y no limitarse a la filosofía; ofrecer diversas perspectivas, enseñar a cultivar la felicidad, promover rutinas saludables y presentar sustancias como el alcohol o el tabaco como elementos nocivos. A partir de ciertos hábitos constructivos se desarrollan otros similares. Si se fomenta la lectura, es altamente probable que se desarrolle una curiosidad intrínseca por el entorno.
Muchos padres carecen de las herramientas para educar a sus hijos; por ello, el Estado debe asumir un papel clave, o al menos instruir a los progenitores en esta labor. Esa será la próxima generación: el futuro. La educación es el sector más crítico y, paradójicamente, el más infravalorado.
Control de Instintos y Evolución
También se debe educar para gestionar los instintos humanos, como el impulso reproductivo, que a menudo se convierte en una pérdida de tiempo. Aunque biológicamente existimos para reproducirnos, nuestra inteligencia debería permitirnos aspirar a más. Además, esta falta de control conduce a que se sexualice a la mujer, tratándola como un objeto e incurriendo incluso en la violencia. Es por esto que, históricamente, la mujer ha sido infravalorada, ignorando su condición de ser humano igualitario.
En conclusión, la sociedad requiere una educación avanzada sobre el “buen vivir”, rigurosamente diseñada y adaptada a todos. El factor determinante es el diseño: ¿cuál es la educación correcta? Más allá de las ciencias y sectores tradicionales, debe existir una materia primordial.
El Proyecto “Ser”
Esta disciplina se llamará “Ser” y tratará sobre cómo existir correctamente. Aunque pueda parecer subjetivo, existen valores objetivos: ante la pregunta de qué cualidades son buenas, la respuesta es clara: salud, humildad, honestidad, amabilidad. Ese es el camino correcto.
Quien lo rechace debería ser redirigido de manera inteligente, priorizando el resultado sobre el castigo mismo. Esto puede sonar estricto debido a que hemos nacido en una sociedad carente de control. Bajo la educación de la que hablo, se verían las drogas como una de las mayores lacras, se poseerían las herramientas para ser feliz pese a la complejidad de la existencia y se aceptarán las limitaciones necesarias para mejorar la sociedad.
Actualmente, el legado para el futuro apenas ha variado en cien años; falta un pensamiento profundo. La salud mental colectiva es precaria, fruto de un bucle social donde el entorno moldea el comportamiento, compartiendo formas de pensar erróneas de manera exponencial.
Hacia una Humanidad Unificada
La mayoría de las aficiones actuales solo buscan resaltar emociones inmediatas. Buscar constantemente estímulos sentimentales termina por aniquilar los principios, permitiendo que las emociones controlen el pensamiento. Necesitamos intereses más elevados y saludables.
Apoyo que se fomente la natalidad, pero no que el sexo o la vida amorosa descarrilen una existencia. Las religiones, por su parte, actúan como un lastre que retrasa la evolución humana. En su lugar, el enfoque debería estar en la paz, el estoicismo o el nihilismo constructivo: la tranquilidad.
Es imperativo que todas las naciones cooperen para transformar la mentalidad global. Expulsar las ojivas nucleares hacia la galaxia, lejos de la humanidad. El objetivo es una especie productiva y con sólidos conocimientos científicos, en un sistema donde el eje sea la evolución y el trabajo en equipo, rompiendo esa “cúpula” que aísla o margina a quien piensa diferente.
El “Yo” y la Perspectiva
A título personal, a menudo no me reconozco como un ser humano convencional. Al mirarme al espejo o sentir mi propio cuerpo, experimento una extrañeza profunda sobre el hecho de estar vivo y ser dependiente de órganos vitales. Para mí, mi “Yo” es solo una representación física de algo mucho más complejo.
Estas reflexiones sobre la perspectiva personal son profundas y pueden parecer contradictorias o incluso paranoicas en comparación con otras secciones, pero es necesario cuestionarlo todo. Al fin y al cabo, soy un ser humano, quizás particular, pero uno más entre ocho mil millones.
El Idioma Humano
Propongo la adopción de un idioma global único. Aunque el lenguaje es un pilar cultural, a nivel práctico, una lengua común aceleraría nuestra evolución. Actualmente, las barreras lingüísticas nos hacen parecer “alienígenas” entre nosotros. Con un idioma universal, las tesis y descubrimientos de cualquier región serían comprendidos al instante, potenciando la generación de nuevas ideas.
Confiar en traductores es un proceso tedioso que pocos realizan. Un “Idioma Humano” diseñado por científicos —simple, con palabras cortas y pronunciación literal— sería un hito. Ante el encuentro con otras especies, nos presentaría como una civilización unificada en lugar de un conjunto de facciones divididas por lenguas como el inglés o el hindi.
Lograrlo requiere un consenso internacional que hoy parece imposible, pues los Estados se ven como naciones enfrentadas y no como una especie que debe colaborar. Sin embargo, la creación de una lengua neutra y eficiente es la clave para liberar el potencial de nuestras neuronas hacia aprendizajes más trascendentales.