Mensaje: El Valor de lo Existente
No sé cómo comenzar. He dedicado mucho tiempo a reflexionar sobre la idea de escribir este texto. Nunca antes me decidí a hacerlo, pero finalmente este es el momento: el “ahora” en el que escribo, distinto, evidentemente, del “ahora” en el que tú recorres estas líneas. Me gusta jugar con la dimensión temporal de las palabras.
Es mucho lo que hay por analizar y decir. Durante largo tiempo guardé ideas en mi mente sin volcarlas al papel, lo cual considero hoy un error. Mi intención actual es establecer una base sólida que iré actualizando según surja la necesidad o el deseo. Existe una cualidad mágica en el acto de escribir.
La Huella del Pensamiento
Llamo a esto “Mensaje” simplemente porque lo es. Es un pensamiento, una perspectiva; algo inherente a mi condición de ser humano. Soy consciente de que esto no revolucionará el mundo, lo cual —lo admito— me produce cierta tristeza. A casi todos nos atrae la idea de destacar, de captar la atención. En mi caso, escribo porque deseo dejar una huella de mi proceso mental.
Es posible que este esfuerzo sea en vano, pero he dejado de cuestionar su utilidad pragmática. He llegado a una conclusión filosófica fundamental: entre la nada y el algo, siempre preferiré que haya algo. Incluso si el resultado es deficiente, la existencia de ese “algo” posee un valor intrínseco. Esa es la razón por la que estas líneas tienen sentido para mí.
El “Algo” frente al Vacío
Todo lo expuesto hasta aquí es, en gran medida, fruto de la improvisación guiada por un par de ideas motoras. La existencia es una estructura demasiado vasta para ser analizada en su totalidad; la amalgama de sensaciones, conocimientos y pensamientos que la componen resulta casi inexplicable.
A lo largo de la historia han existido filósofos porque el cuestionamiento es inevitable para quienes piensan en primera persona. Y eso, deduzco, es positivo. Prefiero la pluralidad de filosofías porque cada una aporta una dosis de experiencia.
La Humildad del Conocimiento
Nunca es prudente afirmar que se posee un conocimiento absoluto. En realidad, no sabemos nada con certeza universal; a lo sumo, poseemos una base conceptual que no todos comparten. Debemos tener esa consideración. Es una realidad paradójica: sofisticada y sencilla, rebosante de palabras y, a la vez, silenciosa.
He venido a este mundo y ahora estoy aquí, cuestionándome mi entorno como cualquier otro. ¿Deseo destacar? Supongo que sí. No tengo la certeza de poseer teorías infalibles y soy consciente de que, en la era actual, es poco probable alcanzar relevancia solo por la forma de pensar. Pero eso no detendrá el proceso. Tendré que seguir pensando.